Si tienes un perro de orejas erguidas, seguro que lo has visto girar una oreja hacia un lado y la otra hacia el contrario, como si cada una tuviera vida propia. No es casualidad ni un truco: los perros pueden mover cada oreja de forma independiente gracias a una anatomía muscular que los humanos, con nuestras orejas prácticamente inmóviles, no tenemos.
Hasta 18 músculos por oreja
El oído externo de un perro (el pabellón auricular) está controlado por un conjunto de músculos muy desarrollado: según la raza, puede haber entre 12 y 18 músculos distintos por oreja. Ese entramado le permite inclinar, girar, levantar o aplanar cada oreja de manera totalmente independiente de la otra, orientándolas como si fueran dos antenas parabólicas que buscan la mejor señal.
Nosotros, en cambio, tenemos solo tres músculos auriculares por oreja, y en la mayoría de las personas están tan poco desarrollados que apenas logran mover el pabellón un par de milímetros. Es uno de esos casos en los que la evolución canina simplemente nos saca mucha ventaja.
Para qué le sirve: localizar sonidos con precisión milimétrica
La función principal de este movimiento independiente es la localización sonora. Al poder orientar cada oreja por separado hacia focos de sonido distintos, el cerebro del perro compara las diferencias mínimas de tiempo e intensidad con las que el sonido llega a cada oído, y calcula con mucha precisión de dónde viene un ruido, incluso antes de girar la cabeza.
Esta capacidad, heredada de sus antepasados salvajes, era clave para detectar presas o depredadores mucho antes de verlos. Hoy en día se traduce en cosas tan cotidianas como que tu perro levante una oreja hacia la puerta de la calle segundos antes de que llames al timbre, o que gire la cabeza hacia el sonido de una bolsa de pienso en la otra punta de la casa.
Un oído mucho más sensible que el nuestro
El movimiento independiente de las orejas se combina con un rango auditivo mucho más amplio que el humano: mientras nosotros captamos sonidos de hasta unos 20.000 Hz, los perros pueden llegar a los 45.000-65.000 Hz, y detectan sonidos mucho más débiles a la misma distancia. Esa combinación de «antenas móviles» y oído ultrasensible es la razón por la que muchas veces reaccionan a ruidos que nosotros ni siquiera percibimos.
Las orejas también hablan: el lenguaje emocional
Además de para oír mejor, el movimiento de las orejas es una parte fundamental de cómo se comunican. Unas orejas hacia adelante y erguidas suelen indicar atención o excitación; hacia atrás y pegadas a la cabeza, miedo, sumisión o incomodidad; y una postura relajada, tranquilidad. Aprender a leer esta señal, junto con la postura del cuerpo y el movimiento de la cola, ayuda mucho a entender cómo se siente tu perro en cada momento.
¿Y las razas de orejas caídas?
Los perros con orejas caídas, como los Cocker Spaniel o los Basset Hound, tienen la misma musculatura de base, pero el peso y la forma del pabellón limitan mucho el rango de movimiento visible. Aun así, si te fijas bien, también mueven la base de la oreja al prestar atención, solo que el resultado es mucho más sutil que en un Pastor Alemán o un Husky.
Además, al tapar mejor el conducto auditivo, las orejas caídas acumulan más humedad y suciedad, por lo que conviene revisarlas con frecuencia y limpiarlas con toallitas húmedas de higiene específicas para mascotas.

