Los gatos toleran el calor mejor que los perros, pero también sufren en las olas de calor: apenas sudan (solo por las almohadillas) y dependen de comportamientos como buscar sombra, lamerse o estirarse sobre superficies frías. Estos ocho trucos les ayudan a pasar mejor el verano.
1. Multiplica los puntos de agua
Coloca varios cuencos de agua fresca por la casa, lejos del comedero, y renuévala a diario. A muchos gatos les atrae el agua en movimiento: una fuente les anima a beber más, algo clave para prevenir problemas urinarios y renales.
2. Deja que elija superficies frescas
Baldosas del baño, la bañera o el suelo de la cocina: tu gato buscará por instinto el rincón más fresco. Facilítaselo dejando puertas abiertas y despejando esas zonas. Existen también alfombrillas refrigerantes que no necesitan nevera.
3. Cepíllalo más a menudo
El pelo muerto acumulado actúa como un abrigo. Un cepillado diario en verano, especialmente en gatos de pelo largo, mejora la ventilación de su manto. No lo rapes: el pelo también le protege del sol.
4. Comida húmeda como refuerzo de hidratación
El pienso seco apenas aporta agua; la comida húmeda supera el 75 %. Combinarlas en verano es una forma sencilla de hidratarlo comiendo. Tienes las claves en nuestra comparativa de alimentación húmeda vs seca en gatos.
5. Persianas a media asta y ventilación cruzada
Baja las persianas en las horas centrales y ventila a primera hora y por la noche. Si usas ventilador, colócalo de forma que mueva el aire sin apuntar directamente al gato.
6. Juego solo a primera y última hora
Evita sesiones intensas de juego con calor. Reserva los ratos de actividad para la mañana temprano o la noche, y elige juguetes tranquilos: en nuestra selección de los mejores juguetes de verano para gatos tienes ideas pensadas para el calor.
7. Ojo con ventanas y balcones
En verano abrimos más la casa y se disparan las caídas. Instala mosquiteras o redes de protección: el llamado síndrome del gato paracaidista llena las consultas veterinarias cada julio y agosto.
8. Reconoce las señales de alarma
Un gato jadeando con la boca abierta como un perro no es normal: es señal de sobrecalentamiento o estrés grave. Letargo extremo, encías muy rojas, vómitos o tambaleo son motivo de veterinario urgente. Refréscalo mojándole patas y orejas con agua templada mientras llegáis.

