Si convives con un gato, seguramente lo escuchas maullar varias veces al día: al llegar a casa, junto al comedero o simplemente para llamar tu atención. Pero si alguna vez has visto interactuar a dos gatos adultos entre sí, habrás notado que casi nunca se maúllan el uno al otro. Ese contraste no es casualidad: el maullido es, en gran medida, un idioma que los gatos han desarrollado específicamente para comunicarse con nosotros.
Un lenguaje que los gatitos abandonan al crecer
Los gatos sí maúllan mucho de pequeños, mientras son crías. Es la forma en que un gatito recién nacido llama a su madre cuando tiene hambre, frío o se ha quedado separado del resto de la camada. Sin embargo, a medida que crecen y se independizan, ese maullido dirigido a otros gatos va desapareciendo casi por completo. Entre gatos adultos, la comunicación pasa a apoyarse en el lenguaje corporal, el olor y las feromonas, además de otros sonidos como el bufido, el gruñido o el maullido agresivo en disputas de territorio.
Por qué siguen maullando a los humanos
Distintos estudios de comportamiento felino apuntan a que los gatos domésticos han aprendido, a lo largo de la convivencia con las personas, que el maullido funciona con nosotros: conseguimos comida, les abrimos una puerta o les prestamos atención cuando maúllan. Al no entender bien el lenguaje corporal felino (posición de las orejas, cola, bigotes), respondemos mejor a un sonido claro y directo, y los gatos parecen haberse adaptado a ese canal de comunicación con nosotros de forma selectiva.
Cada gato desarrolla «su propio idioma» con su dueño
Otro dato curioso es que muchos gatos desarrollan maullidos distintos según lo que quieren comunicar, y esos matices suelen ser más reconocibles para su propio dueño que para un desconocido. Un maullido corto y agudo cerca del comedero, uno más largo e insistente junto a la puerta, o un maullido grave cuando algo les incomoda: con el tiempo, cada tutor aprende a distinguir estos matices casi como un código particular entre él y su gato.
¿Cuándo puede ser motivo de preocupación?
Un aumento repentino en la frecuencia o intensidad de los maullidos, especialmente en gatos mayores, puede ser señal de dolor, problemas de tiroides, pérdida de visión o audición, o simplemente ansiedad por algún cambio en casa. Si el maullido excesivo aparece de forma brusca y no responde a las causas habituales (hambre, atención, aburrimiento), conviene consultar con el veterinario para descartar una causa médica.
En definitiva, ese maullido con el que tu gato te recibe cada día no es un simple ruido: es una forma de comunicación que ha desarrollado, en buena parte, solo para ti.

