Cuando estalla una tormenta o empiezan los fuegos artificiales, es habitual ver a un perro temblando, escondido debajo de la mesa o pegado a las piernas de su dueño buscando protección. No es un capricho ni una simple manía: se trata de una de las fobias más comunes en perros, y tiene una explicación que combina biología, aprendizaje y, en algunos casos, hasta la genética de la raza.
Un oído mucho más sensible que el nuestro
Los perros escuchan un rango de frecuencias mucho más amplio que las personas y son capaces de detectar sonidos hasta cuatro veces más lejos. Un trueno o un petardo no solo suena más fuerte para ellos: llega antes, de forma más súbita y con un componente grave que resulta especialmente molesto para su oído. A eso se suma que muchas tormentas van acompañadas de cambios de presión atmosférica y olor a ozono, que el perro percibe antes incluso de que se escuche el primer trueno, lo que explica por qué algunos empiezan a mostrarse inquietos con antelación.
Miedo aprendido y miedo genético
No todos los perros reaccionan igual. Algunos desarrollan la fobia tras una mala experiencia puntual, como haber estado solos durante una tormenta fuerte o cerca de fuegos artificiales sin poder refugiarse. En otros casos, el componente parece ser más genético: hay estudios que apuntan a que ciertas razas, como el border collie o algunos perros de pastoreo, muestran una predisposición mayor a la sensibilidad al ruido, independientemente de sus experiencias previas.
Cómo se manifiesta la fobia al ruido
Los signos varían de un perro a otro, pero los más habituales son jadeo excesivo, temblores, intentos de esconderse o de pegarse a una persona, salivación, pérdida de apetito y, en los casos más intensos, intentos de huida que pueden acabar en fugas o lesiones al intentar escapar por ventanas o vallas. Un perro con miedo severo a los truenos puede llegar a autolesionarse arañando puertas o rompiendo objetos en su intento de encontrar un lugar seguro.
Qué puedes hacer para ayudarle
Crear un espacio seguro al que el perro pueda acudir libremente, como una cama en una habitación interior sin ventanas, ayuda a que tenga un refugio disponible. Mantener la calma y evitar tanto sobreproteger como regañar al perro por su miedo también es clave, ya que ambas reacciones pueden reforzar la ansiedad. En los casos más intensos, existen chalecos de compresión, feromonas relajantes y, si el veterinario lo considera necesario, tratamientos específicos para la ansiedad por ruidos. La desensibilización progresiva, exponiendo al perro a grabaciones de truenos a bajo volumen mientras se le premia, es una de las técnicas con mejores resultados a largo plazo, aunque requiere paciencia y constancia.
Entender que el miedo a los truenos y los fuegos artificiales no es «cabezonería» sino una respuesta real de estrés es el primer paso para ayudar a un perro a sobrellevarlo mejor. Con paciencia, un entorno seguro y, si hace falta, apoyo profesional, la mayoría de los perros pueden aprender a gestionar mejor estos momentos.

