Es una de las creencias más extendidas sobre los perros: que ven el mundo en blanco y negro, como en una vieja película. La realidad es más matizada y, como suele pasar, bastante más interesante que el mito.
No ven en blanco y negro, pero sí ven menos colores que nosotros
Los perros no son daltónicos en el sentido de ver solo grises: su visión es dicromática, mientras que la humana es tricromática. Esto significa que el ojo humano tiene tres tipos de conos (células sensibles al color) que perciben el rojo, el verde y el azul, mientras que el perro solo tiene dos, sensibles al azul y al amarillo. El resultado es una paleta de colores mucho más reducida, similar a lo que percibiría una persona con daltonismo rojo-verde.
¿Cómo ve realmente un perro?
Para un perro, el rojo y el verde se confunden con tonos amarillentos o grisáceos, mientras que el azul y el amarillo se distinguen con bastante claridad. Por eso una pelota roja sobre césped verde puede resultarle casi invisible a simple vista: ambos colores se funden en una gama parecida. Si alguna vez te ha costado que tu perro encuentre un juguete rojo entre la hierba, ahora sabes por qué.
Lo que pierden en color lo ganan en otros sentidos visuales
La visión canina no está pensada para el detalle cromático, sino para detectar movimiento y ver en condiciones de poca luz. Los perros tienen más bastones (células sensibles a la luz) que conos, lo que les da una visión nocturna muy superior a la nuestra. Además, cuentan con una capa reflectante detrás de la retina, el tapetum lucidum, que hace que sus ojos «brillen» en la oscuridad al reflejar la luz y que aprovechen mucho mejor la poca luz disponible.
También tienen un campo visual más amplio que el humano, de hasta 250-270 grados frente a los aproximadamente 180 grados nuestros, aunque a cambio pierden algo de visión en profundidad. Esta combinación los convierte en grandes detectores de movimiento, una herencia directa de sus antepasados cazadores.
¿Y los gatos ven igual que los perros?
Los gatos tienen una visión del color parecida a la de los perros, también dicromática, pero llevan la visión nocturna y la detección de movimiento todavía más lejos: pueden ver con hasta seis veces menos luz que un humano gracias a una densidad aún mayor de bastones y a pupilas que se dilatan más.
En definitiva, ni perros ni gatos ven el mundo en blanco y negro, pero tampoco lo ven como nosotros. Su visión está optimizada para lo que de verdad les importaba como cazadores: detectar el más mínimo movimiento y desenvolverse bien cuando cae la noche, aunque para eso tengan que renunciar a una parte de la gama de colores.

