Si tu gato se sube a tu regazo, amasa unos segundos con las patas delanteras y luego se acurruca ronroneando, has presenciado uno de los gestos felinos más entrañables y también uno de los más malinterpretados. Muchos dueños creen que «está incómodo» o «se está haciendo una cama», pero el origen de este comportamiento es mucho más profundo y se remonta a las primeras semanas de vida del gato.
El origen: un reflejo que viene de la lactancia
Los gatitos recién nacidos amasan instintivamente las mamas de su madre para estimular la subida de la leche durante la lactancia. Este movimiento rítmico, alternando una pata y otra, ayuda a activar el flujo de leche y refuerza el vínculo con la madre. En la mayoría de los gatos este reflejo persiste toda la vida, reapareciendo en la edad adulta como una conducta asociada al bienestar y la seguridad, aunque ya no tenga una función nutricional.
¿Por qué lo hacen también en la edad adulta?
Cuando un gato adulto amasa sobre una manta, un cojín o tus piernas, normalmente está recreando esa sensación de calma y protección que sentía de cachorro. Por eso suele ir acompañado de ronroneo, ojos entrecerrados y una postura relajada: es una señal de que el gato se siente seguro en ese momento y en ese lugar contigo.
La teoría del marcaje territorial
Existe una segunda explicación, complementaria y no excluyente: las almohadillas de las patas de los gatos contienen glándulas que liberan feromonas. Al amasar, el gato podría estar dejando su olor sobre la superficie, una forma discreta de «marcar» ese lugar como propio y familiar, igual que hace al frotar la cara contra los muebles o las piernas de sus personas.
¿Es normal que claven las uñas?
Sí, es habitual que durante el amasado el gato extienda ligeramente las uñas. Si resulta molesto sobre la piel, lo más sencillo es colocar una manta gruesa entre el gato y tu regazo en lugar de apartarlo, ya que interrumpir el gesto puede generarle cierta frustración. Mantener las uñas cortas y ofrecer superficies para rascar, como un rascador cerca de su zona de descanso, ayuda a que este comportamiento no derive en arañazos sobre el sofá u otros muebles.
¿Cuándo debería preocuparme?
El amasado en sí no es un signo de alarma. Sí conviene prestar atención si aparece de forma repentina y muy intensa en un gato que antes no lo hacía, junto con otros cambios de comportamiento, maullidos excesivos o pérdida de apetito, ya que en algunos casos puede asociarse a ansiedad o estrés. Ante la duda, lo mejor es consultarlo con el veterinario para descartar causas médicas.
Una conducta que dice mucho de tu relación con tu gato
Lejos de ser un capricho o una manía, amasar es una de las formas que tiene un gato de decir «aquí me siento bien». Es un gesto que conecta directamente con sus primeras semanas de vida y que, cuando lo dirige hacia ti, es una muestra clara de confianza y apego.

